sábado, 27 de septiembre de 2008

CORRUPCIÓN VERSUS TRANSPARENCIA

Con motivo de la presentación del I.P.C. (Índice de Percepción de la Corrupción) por "Transparencia Internacional" en la Fundación Ortega y Gasset de Madrid (día 23 de septiembre; hora: 10H).

Tuve la oportunidad de escuchar cómo la corrupción tiene una cierta correlación con la libertad de expresión así como con el nivel o velocidad de desarrollo y crecimiento de un país. De ese modo, parecía derivarse que el crecimiento económico amplifica las oportunidades de prácticas corruptoras y de decisiones administrativas corruptibles.

Asimismo, se explicó que en los países donde existe una mayor libertad de expresión, es decir, donde existen medios de comunicación independientes del poder, existe un mayor nivel de control sobre dichas prácticas.

Paralelamente, la transparencia adquirió unos matices muy interesantes cuando se relacionaba con la actual situación de crisis financiera, pues se llegó a debatir si la transparencia en las actuaciones de los organismos fiscalizadores y evaluadores de riesgo de las grandes empresas que han entrado en crisis, en los EE.UU. e Inglaterra (y consecutivamente se espera que también afectará a muchas empresas españolas) no han actuado con independencia de criterio, ni con un claro juicio de neutralidad frente a las entidades que se sometían a sus auditorías.

Me permito expresar que la transparencia no es el adjetivo adecuado para comprender lo ocurrido en dichas empresas, ni para la situación política y económica que se deriva de la misma.
Transparencia tiene que ver con libre mercado, es decir, con el acceso a la información que supone la base sobre la que se asumen los riesgos, las inversiones, etc.. .Transparencia es un concepto asociado a la manipulación soterrada, oculta, opaca, de las decisiones que influyen en el comportamiento del mercado.

Pero cuando asistimos a la manipulación de las condiciones del mercado, desde el mercado y bajo la máxima de obtener el máximo beneficio, cueste lo que cueste, no estamos ante un clásico ocultamiento de información, sino bajo una conducta, un hábito, un valor consustancial al sistema capitalista.

En ese sentido, se habló del "Riesgo moral". Término que oiremos a partir de ahora y que involucrará a sacerdotes y popes de la ética capitalista. Este "riesgo moral" pretenderá medir la contraprestación que los mercados han de cumplir con los estados, protectores del sistema capitalista, a cambio de que se corrijan ciertas prácticas que ponen en peligro el sistema en su conjunto.

Juzguen ustedes si debemos llamar al "pan, pan y al vino, vino" o si hemos de apostar a la reforma ética de quienes tienen por la misma, un único objetivo; enriquecerse más y primero que los demás. ¿Puede haber un sistema competitivo que beneficie a todos por igual?. ¿Estamos ante el fin de la revolución neo liberal?. ¿Se trata de un momento transitorio, de reajuste de la economía de los grandes números?. ¿Correrá peligro el Estado que se deje llevar por la labor asistencial a los grandes capitalistas?. ¿Se enarbolarán pasiones patrióticas, nacionalismos, guerras?. ¿Seguiremos creyendo todo lo que se nos dice sobre la capacidad del sistema?.

Éstas y otras son las preguntas que nos hacemos ante una situación donde el Estado, aparentemente incorruptible, toma decisiones presupuestarias y de política económica que vienen a favorecer a aquellas empresas cuya posición en el mercado, de caer, provocaría grandes males sociales (desempleo, ruina, inestabilidad, pérdida de consumo, etc..) siendo más económico sostenerlas (o premiarlas, según se mire...) que asumir las consecuencias naturales del mercado de la libre competencia.

Una cosa parece estar clara, el Estado ha dejado en manos del mercado muchos de los resortes que garantizan la estabilidad social y la capacidad de consumo. Ahora, el mercado se ha convertido en el regulador oficial y el Estado en un apéndice de las necesidades del mismo.

Para quien no lo haya pensado o sabido antes...


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